Vivir lo mejor de ambos mundos

Desde hace 10 años Ariel reside en Sampa, como llaman cariñosamente a San Pablo sus propios habitantes. Lejos pero no tanto. Cerca pero muy diferente.

Ariel

“Mudar de ciudad te obliga a cambiar todo tipo de hábitos. Mudar de país, te obliga a cambiar hasta la forma en que te comunicás con el mundo”, asegura Ariel Silber (42 años), doctor en Ciencias Biológicas, nacido en Córdoba y trasplantado luego a Buenos Aires. “Cada mudanza es un caso diferente. No es lo mismo irse persiguiendo un sueño que irse corrido por una situación política o económica que hace inviable un proyecto de vida en el lugar de origen. En mi caso, me fui por opción. Es una experiencia que me enriqueció muchísimo… lo vivo como haber tenido la oportunidad de una segunda vida.

Desde un punto de vista profesional, lo que se me ofrecía era venir a trabajar a un lugar y en condiciones que no tienen nada que envidiarle a lo que podría ser una experiencia en un país europeo. ¿Por qué São Paulo y no París o Madrid por  ejemplo? Conocía bastante bien Brasil y siempre me gustó, la cultura (debería decir ‘las culturas’) brasilera es muy rica. El futuro de este país se veía muy promisorio en aquel tiempo, y era impresionante la pujanza de São Paulo. Pero había dos factores que fueron críticos en el momento de decidir: los brasileros en general son increíblemente receptivos con los inmigrantes, lo que hace que la experiencia de ser extranjero aquí sea fácil y tranquila… incluso divertida. El segundo factor: en caso de que la emigración fuera ‘para siempre’, lo mejor sería estar cerca de casa, de los afectos”.

Brasil no es Florianópolis

“Vine con mi ex esposa. Como ya habíamos estado varias veces antes, teníamos una idea aproximada de lo que encontraríamos, y ya teníamos algunos amigos y conocidos. Entonces no hubo experiencia de shock. Digamos que en trazos generales todo era bastante próximo a lo que esperábamos. Con el paso del tiempo me fui sorprendiendo con todas aquellas cosas que creía entender y después me di cuenta que realmente no entendía… las asimilaba como argentino. De a poco fui aprendiendo que lo que es fácil entender desde una cultura es difícil entender desde otra. Cometí el mismo error que veo en casi todos los argentinos que pasan por Brasil y creen conocerlo: debido a una enorme cantidad de aparentes semejanzas uno cree que entiende cómo son los brasileros y cómo funciona este país. Sin embargo, todo tiene un contexto cultural diferente de lo que creemos. Además casi nada en Brasil es realmente como cuando uno va a Florianópolis, Rio o Salvador de vacaciones. Por ejemplo, una cosa que me sorprendió es el grado de formalidad en las relaciones de trabajo y familiares. La mayor parte de las personas que conozco no tutea a sus abuelos y muchos ni siquiera a sus padres. Cuando comento esto, muchos argentinos que pasan regularmente vacaciones en Brasil me dicen que eso no es verdad, que el trato de ‘Usted’ no existe en portugués. Existe, sólo que tiene expresiones diferentes que si uno no conoce la cultura no percibe que esa forma lingüística complicada con que algunas personas se refieren a otras significa simplemente ‘usted’”.

Aprender portugués en serio

“La ventaja de venir a un país que está relativamente cerca hace que uno pueda llevar a cabo un proceso de adaptación gradual. São Paulo está a menos de 1.800 km en línea recta de Buenos Aires, donde está mi familia. Es casi la misma distancia que hay entre Buenos Aires y San Salvador de Jujuy. Desde el punto de vista de organizarse para viajar es casi como si estuviera dentro del país, sólo que con mucho mayor frecuencia de vuelos, que por ser internacionales son más baratos. Los primeros dos años mantuve un contacto muy estrecho con mi familia a través de viajes frecuentes (cuatro a cinco veces por año). Por otro lado, esto me dificultó al principio el establecimiento de una ‘vida cotidiana’ en Brasil. De a poco fui desplazando los momentos de ocio aquí, me fui quedando a pasar los feriados con amigos y estableciendo mi vida. Eso incluyó construir una nueva vida social, amigos, compromisos extra laborales, otras actividades, etc. Y todo esto me forzó a mejorar mi aprendizaje del portugués. Es común que los hispanohablantes no sientan la necesidad de aprender portugués porque aunque hablen castellano se comunican razonablemente bien: no hace falta hablar mucho portugués para cubrir las necesidades de supervivencia. De hecho es común que los hispanohablantes crean que están hablando portugués o incluso un piadoso ‘portuñol’ cuando en realidad están consiguiendo llevar el castellano a formas novedosas y desconocidas. La prueba de fuego: buscar un/a hijo/a de algún amigo/a brasilero/a y conversar algunas palabras. Ellos no van a mentir: o mantienen la conversación, o miran desesperadamente a sus padres y les preguntan algo como ‘¿por qué este señor es tan grande y no se le entiende nada de lo que habla?’. De todas maneras, el aprendizaje del portugués en Brasil es una experiencia lúdica: a todo el mundo le divierte mucho la forma en que pronunciamos determinadas palabras, las comparaciones entre formas de hablar, y todo el mundo quiere aprender a hablar castellano, con lo cual todo el mundo está dispuesto a ‘negociar’ palabras en castellano por palabras en portugués. En mi caso, trabajando en la Universidade de São Paulo, pude arreglarme bastante bien al principio incluso con el auxilio del inglés cuando era necesario. Sin embargo, cuando llegó el momento de redactar documentos, dar charlas y comenzar a dar clases tuve que enfrentar las dificultades (que no son pocas) de aprender portugués en serio. Y descubrí que es un idioma muy difícil para aprender a hablar y escribir correctamente”.

La vida entre contrastes

“En estos diez años que llevo aquí ya vi cambiar completamente varios sectores de la ciudad. Da la impresión de que no podés parar de moverte porque si te quedás quieto en cualquier momento brota un edificio debajo de tus pies. Todo se mueve en São Paulo, todo se transforma, y se vive entre contrastes: los lugares más lujosos con los más pobres, la gente más tranquila con la más nerviosa, la más alegre con la más deprimida, la selva semivirgen del parque del Trianon en la Avenida Paulista con la selva de cristal y acero de los edificios donde funciona el mercado financiero más potente de América Latina. São Paulo tiene un índice que uno se acostumbra a seguir por radio, televisión o internet antes de encarar cualquier trayecto en la calle: el índice de congestionamiento de tránsito. La media para los días de semana en horas pico indica que en aproximadamente una de cada diez calles de la ciudad el tránsito esté literalmente parado. En días y horarios en que ese índice es superado, es mejor quedarse quieto y dejar cualquier expedición hacia el mundo exterior para otro momento. Más allá de estos problemas (que no sufro demasiado porque siempre viví a distancia de caminata de mi lugar de trabajo) São Paulo es una ciudad interesantísima. Una vida cultural muy agitada, muy diversa y rica. No diría que es bonita, pero no conozco a nadie que después de pasar un tiempo aquí no se le prenda un poco el corazón. Como dicen los paulistanos: não sei se é muito bonita, mas e muito legal!”.

La sensación de fin de mundo

“La Argentina siempre me pareció un lugar exótico, incluso cuando vivía allá. Digamos que esa idea, desde afuera se reforzó. Una de las cosas que más me impresiona (porque nunca lo había percibido antes de esa forma) es lo aislado que está, geográficamente hablando. Desde que vivo afuera, me deja una sensación de fin del mundo. Uno llega a Ezeiza y ve sólo gente que se dirige específicamente allí… no hay pasajeros en tránsito. Es final del recorrido. Y me llama mucho la atención cómo ese aislamiento se refleja muchas veces en las percepciones que tenemos de cómo funciona el mundo: en la forma en que discutimos, los argumentos que usamos… Veo a la Argentina como un país caótico, con una sociedad con muchas dificultades para generar un proyecto con una perspectiva de futuro de más de tres o cuatro años. Creo que eso contribuye a que la Argentina parezca más intensa: hay una sensación de poco tiempo para poner a funcionar proyectos, hacer cambios. Otra cuestión es la relevancia de la Argentina en el mundo: es un país poco poblado… da una sensación de irrelevancia. Sin embargo, de vez en cuando alguien te menciona a algún compatriota de quien te podés sentir orgulloso, o en quien te podés referenciar sin vergüenza (como Sábato o Cortázar por ejemplo) y sentís que existe una cierta argentinidad. Por otro lado, a veces te cruzás con compatriotas que cuentan sus aventuras durante las vacaciones, a los gritos en un bar de la playa, y tenés ganas de salir corriendo y jurar que no tenés nada que ver con eso. Hay algo que debe ser entendido: por más que estés lejos de tu país, tu cultura, tus afectos, encontrarte otro ser humano cuya única relación con vos es haber nacido en el mismo país y hablar la misma lengua de la misma forma, no te hace necesariamente amigo… esa persona puede ser exactamente lo que uno no quiere tener cerca. Con los amigos se comparten valores, vivencias, sensibilidades que pueden atravesar barreras de procedencia nacional. La procedencia no es motivo suficiente para garantizar un vínculo”.

Vida en Sampa

“Cuando empecé a sentir que tenía que repetir demasiadas veces las mismas historias para todo el mundo decidí abrir mi blog vida en sampa, brasil. En relación con mantener vivo mi vínculo con la Argentina, fueron fundamentales los diarios y las radios online. ‘Hojeo’ varios diarios argentinos casi todos los días antes de empezar a trabajar, y a veces escucho algunos programas de radio. La televisión online no me pegó. Lo que sí, me hice adicto a varios blogs de argentinos en otros lugares del mundo y blogs políticos, donde se discute, pelea y concuerda con otras personas como si uno estuviera allá en una mesa de café. Todo eso nos acerca, sin dudas”.

Entre el asado y la feijoada

“Desde el punto de vista de mi trabajo, estar aquí me permitió un desarrollo profesional en condiciones que en la Argentina nunca tuve oportunidad de vivir. Varias de las líneas de investigación que desarrollamos difícilmente podrían haberse implementado allá. Si bien actualmente la Argentina está viviendo uno de sus mejores  momentos de los últimos 35 o 40 años, en términos de financiación de actividades relacionadas con el desarrollo de ciencia y tecnología, venimos de retrocesos muy importantes entre los años ´90 y la salida de la crisis del 2001 (¿recuerdan cuando un Ministro de Economía dijo que los científicos deberían dedicarse a lavar platos?). Cuando estoy allá, a veces me entusiasmo con la idea de volver, sin embargo veo que este camino no está afianzado todavía, y que si volviera posiblemente no podría continuar ejerciendo mi profesión tal como lo hago aquí.
La fantasía de regresar siempre está. ¿Alguien se acuerda de aquella vieja canción de María Elena Walsh que decía ‘porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy’? Esto de estar acá lo vivo un poco al revés: me duele haberme ido y no volver, pero creo que me hubiera sentido morir si me quedaba. No sé hasta cuándo este balance de dolores, afectos desparramados, perspectivas profesionales, el tironeo entre el asado y la feijoada… va a seguir siendo favorable a Brasil. A veces sospecho que no va a ser siempre así. Me lo pregunto todos los días. Mientras tanto trato de vivir lo mejor de ambos mundos, que son apasionantes”.

Publicado el 23/06/2010 en 30N, edición impresa

6 Respuestas a “Vivir lo mejor de ambos mundos

  1. Estimado Ariel

    Me sorprendieron hace pocos días con un ofrecimiento para cubrir un cargo en una Consultora Hispano-Brasileira. Si bien, había trabajado hace mucho en SP, la cosa fue por 14 meses y si algo aprendí, es que no puedo darme corte de entendido en Paulistanos. Curiosamente le decía a mis amigos que para saber de SP, hay que estar más de 5 años… Hay tanto para ver y aprender… Y con esa premisa, ando paseando los blogs que cuentan de la vida en SP. Leí todo lo que hay aquí y encontré cálida información que me parece útil; además de coherencia y obvia experiencia. Siga así amigo, que los compatriotas necesitan estas orientaciones y consejos. Quién sabe, yo ande sumando algo en el futuro. Muchas gracias y éxitos!

    Alfredo.-

  2. HOLA, MI NOMBRE ES MAGALI SOY CORDOBESA. ESTOY A PUNTO DE RECIBIRME EN LIC. EN DISEÑO DE INDUMENTARIA Y TEXTIL Y CON MIS VIEJOS TENEMOS MUCHAS GANAS DE IRNOS A VIVIR A SAN PABLO. QUISERA PODER ESPECIALIZARME EN MARKETING DE MODA Y TRABAJAR EN EL RUBRO. ALGUIEN SABE SI LOS ARGENTINOS SOMOS BIEN RECIBIDOS EN EL AMBITO LABORAL.. ? HAY CURSOS DE POST GRADO EN MODA EN UNIVERSIDADES ESTATALES ? GRACIAS, SALUDOS

    • Yo viví cinco años en Sao Paulo y te aseguro que sacando el el fútbol del medio, los Argentinos son muy bien tratados, lo más difícil es acostumbrarse al tránsito, pero te aseguro que sabiendo recorrer la es una ciudad maravillosa, ojo, no eso no lo vas descubrir rápido, le tenes que dar tiempo.

  3. Ariel, tu experiencia me enriquece y me hace un panorama de lo que es emigrar a Brasil. Yo no tengo la edad que tenías vos cuando te fuiste.
    La perspectiva de que reasignen a mi marido en San Pablo me afecta mucho. Pisando los 50 la inestabilidad laboral en Argentina es aun más crítica.
    ¿Son espejitos de colores los que te quieren vender cuando te dicen que allá a esa edad no tenés problema para conseguir trabajo? Eso, en caso de que la empresa que te reasigna te “sugiera “tu retiro voluntario” cuando venza el contrato

  4. Ariel:
    me encanto la nota y me sirvió mucho, es probable que con mi familia nos tengamos que ir a vivir a allí, a San Pablo, cómo es la escuela primaria y la prepaga ahí? es lo que mas me preocupa por mi hijo que tiene 8 años. grs saludos suerte

  5. buenissimo blog ariel te felicitoo! y me das unas ganas barbaras de ya estar alla , nos mudamos con mi novia y el perro a mediados de abril por el trabajo de ella y ya que yo no soy profesional estoy un poco con miedo de ( todo cagado jajajaj) de que me cueste conseguir laburo alla pero bue igual nos vamos a ir ! abrazo y suerte !!!

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