Emigrar a un país de inmigrantes

Sabrina quería irse muy lejos para empezar de nuevo. “Vi la oportunidad que estaba buscando y me lancé: era otro país, otro continente y otra lengua”.

“La situación del país en el años 2002 aceleró en realidad el proceso, pero yo quería irme desde antes, con o sin corralito, porque necesitaba estar lejos de lo que fui hasta entonces… una persona bastante infeliz en muchos aspectos de la vida”, relata Sabrina Casal (29 años). “Y me juzgaron mucho por eso, lo siguen haciendo… Pareciera que a los exiliados económicos se les perdona haber ido a buscar un futuro mejor para sus hijos, pero si alguien confiesa que se va por otras causas siendo que tenía opciones en su propio país… lo menos que te dicen es ‘traidor/a’, ‘ si acá tenés todo’, ‘en ningún país te van a tratar como en el tuyo’, ‘si no sos feliz en tu país menos vas a ser feliz en otro’, ‘allá vas a ser una sucada de m…’

La única verdad, creo yo, es que vale todo lo que nos hace felices sin molestar a los demás. Y si uno necesita irse para ser feliz, entonces hay que hacerlo. Vi la oportunidad que estaba buscando y me lancé: era otro país, otro continente y otra lengua. Y según mi balance, salió bien”.

“Ya van a ver cómo se equivocan”

“Llegué a Australia con mucha esperanza, ansiedad, alegría, confianza… Lo que comenté antes, la falta de apoyo de alguna gente, me hizo más fuerte. Me dije: ‘ya van a ver cómo se equivocan, ya van a ver cómo soy capaz por mí misma de ganarme mi propia vida’…

Por suerte conseguí trabajo a los 22 días de mi aterrezaje y después de 4 entrevistas laborales en inglés. De hecho ese fue mi primer shock, el lingüístico. Yo tenía un inglés norteamericano ‘perfecto’ según mi profesora argentina, porque había estudiado desde muy chica en un instituto de allá. Así que por ese lado, no tenía ninguna preocupación. Hasta que empecé a darme cuenta que esto a los locales no les gustaba para nada. En las entrevistas de trabajo, en muchos casos hasta me corregían la pronunciación, como haría un profesor con sus alumnos, porque para ellos es molesto escuchar otra pronunciación del inglés que no sea el australiano. Y es gracioso, porque en el resto del globo se mofan de ésta. Consideran hasta grotesco el modo de hablar de los australianos. (De la misma manera que los franceses se burlan de la manera de hablar francés en otros países francófonos  y los españoles lo hacen con los latinoamericanos).

Es lo que pasa siempre con el inglés y sus infinitas versiones, no solamente en Australia. Al salir al mundo real e intentar hablar con otros, ese choque se siente. Mi conclusión es que, es una gran utopía pretender hablar a la perfección una lengua aprendida, excepto que uno lo haga desde muy pequeño y con profesores nativos o viviendo en tal sociedad. ¡De hecho siento que tendría que volver a nacer y en Australia para lograr exactamente la pronunciación de la gente de aquí…! Pero uno tiene que aplicarse lo mejor que pueda y sobre todo en ‘la mejor universidad de lenguas’ que es la calle…

En mi primer trabajo (jardinera de una residencia para ancianos) mejoré muchísimo la pronunciación. Aunque cualquiera pensaría que un jardinero sólo corta el pasto, en realidad yo cumplía muchas funciones allí y hablaba con mucha gente, incluso con los viejitos que iban a ese lugar a pasar tranquilos los últimos años de su vida. Fue una gran experiencia para mí, aprendí muchísimo, desde el cuidado de las flores hasta las costumbres culturales de los australianos. Al año siguiente cuando me despedí de ese lugar, se me cayeron unos lagrimones…”.

Nada de qué quejarse

“Un año más tarde empecé a trabajar en un banco, donde sigo actualmente. Allí empecé en la ventanilla de atención al público (un trabajo horrible) y ahora trabajo en Recursos Humanos, con un grupo de gente maravillosa, de siete nacionalidades diferentes.  Así que nada de qué quejarme… Pero vine en una época en que si uno quería conseguir trabajo, lo conseguía. Ahora se puso un poco más difícil porque la competencia es cruel en todas partes. El mundo se volvió una carrera laboral alocada y la gente se va enfermando de titulitis cada vez más, porque nadie quiere quedarse afuera y lamentablemente no hay puestos laborales calificados para todos. Me decía hace poco un amigo belga que en su país se están pagando fortunas a los albañiles y electricistas por ejemplo, porque hay muy pocos, porque son los oficios que nadie quiere aprender, y en cambio cada vez más gente accede a la Universidad para tener como mínimo un título. Todo esto es parte de la llamada ‘globalización’ que nos plantea cada vez más exigencias y sacrificios humanos”.

Según el cristal con que se mira

“Una cosa que me maravilló cuando recién llegué fue el transporte público, los buses, los ferris y los trenes. Para mí que venía de la selva porteña, de los pisotones y de ir siempre parada y no poder llegar a horario casi nunca… esto era im-pre-sio-nan-te. ¡Pero cómo es irónica la vida… cómo es cierto que cada uno ve todo según el cristal con que mira… más de una vez escuché a los locales quejarse de su transporte público! De la misma manera que se escucha por ahí a gente alarmada por ‘la inseguridad’… No saben lo que es la inseguridad tal como la conocemos nosotros, pero cada uno tiene sus propios parámetros según lo único que vive, del mismo modo que, mientras mejores cosas y servicios tiene, luego las exigencias también evolucionan.

En Australia no te matan por una moto o por 10 dólares, no. Hay un tipo de violencia relacionada con pandillas juveniles, como la hay en todas partes. Acá están los llamados ‘junkies’, que tienen hábitos nocturnos y andan a las patadas con la sociedad. Digamos que cometen hurtos en colectivos o en la calle (van casi siempre drogados), rayan paredes o destrozan alguna cosa… difícilmente vayan a matar a alguien para robarle algo. Son malandras, rateros inofensivos en todo caso. Pero yo sigo dejando el auto afuera y muchas veces dejé la puerta sin llave y hasta el momento jamás tuve que lamentar mis descuidos. También puedo caminar por Sidney a cualquier hora sin estar dándome vuelta cuando escucho que alguien viene atrás mío. Esas son cosas que, como dice la trillada publicidad de tarjeta de crédito, para mí no tienen precio”.

Nosotros y ellos

“Es un país de inmigrantes, y eso facilita las relaciones sociales desde mi punto de vista. Porque uno está en la misma que casi todos a su alrededor, y entonces todo fluye más rápido. Nos hacemos fuertes. En cada país donde hay inmigración masiva creo que hay un ‘nosotros’ y un ‘ellos’, y lo constato siempre que hablo con amigos argentinos que viven en Europa y Canadá. Esa frontera siempre está.

A pesar de la crisis global Australia sigue buscando mano de obra, quiere aumentar el crecimiento demográfico y repoblar las zonas menos habitadas del país (75% del territorio continúa sin habitar, aunque parezca increíble)”.

País abierto

“Australia no tiene una identidad fuerte como otros países, y pienso que se debe a la cantidad de inmigrantes que atrajo históricamente, a los pequeños submundos que se van formando. Tienen que pasar 3 generaciones para que alguien sea verdaderamente australiano (al menos es lo que se dice acá).

En cualquier transporte público uno puede escuchar a una mamá retando en chino a su hijo, a una abuela hablando en alemán, a un tipo de traje y corbata hablando por celular en francés, a otro cantando en español… Aquí es donde uno se da cuenta que el planeta es extremadamente inmenso y no alcanzaría toda una vida para conocerlo.

Lo que rescato de este país por sobre todas las cosas y aclarando que me refiero a mi propia experiencia, es que te abre las puertas si estás dispuesto a hacer bien las cosas (y esto implica trabajar, estudiar, cumplir las leyes, respetar a los demás, colaborar para que el país crezca…). Porque al mismo tiempo, Australia es un país que le debe casi todo a los inmigrantes”.

Publicado el 09/06/2010 en 30N, EDICIÓN IMPRESA

3 Respuestas a “Emigrar a un país de inmigrantes

  1. hola mi nombre es Jessica,soy argentina, debido a la inmensa inseguridad y a la inestabilidad económica mi marido y yo estamos buscando irnos a Australia, ya que nos motivan nuestras dos hijas de 2 y 3 años a buscar algo mejor para ellas, y es el lugar que mas nos gusta.
    Mi marido es maestro mayor de obras y ya lleva años en este trabajo yo soy estudiante de abogacía tenemos los dos 26 años me gustaría contactarme con vos y hablar para que nos brindes ayuda en consultas e incertidumbres que nos genere el lugar ya que nos da bastante miedo este cambio radical por las nenas… desde ya muchísimas gracias por la información ya brindada. Saludos!!

  2. hola sabrina, no se si seguis en contacto con esta publicacion, pero queria decirte que me gusto mucho tu historia. me dan más ganas de perfeccionar mi ingles, y armar las valijas! un saludo desde argentina

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