Apuntes de viaje

Desde pequeña, Laura tenía un plan que ahora está concretando: conocer el mundo. Viajar, observar, trabajar, convivir, aprender. Y finalmente, regresar.

Desde el 1 de enero de 2010, Laura Marcos (26 años) se encuentra en Bruselas, Bélgica, donde trabaja de Au Pair y en donde espera quedarse hasta fines de año. Pero su tour por el mundo se inició en Estados Unidos, y son los pormenores de esa primera experiencia los que comparte en esta oportunidad:

“En diciembre de 2008 salí por primera vez de la Argentina para irme a trabajar a Miami por cuatro meses y medio, con una visa de trabajo para estudiantes”, cuenta esta cordobesa de origen, cuyas ansias por conocer el mundo despertaron a los 11 años. A esa edad –relata– estaba “motivada por los documentales de la National Geographic que veía en la tele”. “Estudié Administración Hotelera y Gestión de empresas de turismo y transporte, y realmente estoy muy conforme con esa elección porque la industria de la hospitalidad se desarrolla en todas partes, le da trabajo a mucha gente y te pone en contacto con el mundo como ninguna otra a través del aprendizaje de diferentes idiomas y distintas áreas culturales como la geografía, la etnología, la historia y las diversas formas de interpretar la realidad. Y una de las cosas que más me interesa es aprender lenguas, ya que la comunicación es el puente del aprendizaje”.

Miami en tiempos de Obama

“En el año 2008, casi sobre el límite de la fecha para hacer los trámites de la visa, decidí  viajar a Estados Unidos. Me fui sin trabajo, sin casa, con media valija y mil dólares. Me junté con otros cinco chicos argentinos para compartir la vivienda allá. Lo primero que hice, antes de buscar trabajo, fue ir a la playa…

Me acuerdo que era un día nublado y había un viento terrible que levantaba la arena, pero nosotros estábamos chochos tomando mate, fascinados con el color del agua. También creo que fuimos de los pocos que se animaron a bañarse un día tan feo.

No soy de las personas que viajan para comparar los lugares nuevos con el país de origen, ya que no voy a quedarme a vivir definitivamente en otro lado. Realmente considero que el atractivo está en lo que hace a cada lugar único en el mundo, y la motivación surge de lo diferente a lo ya conocido. Tener el mar azul a ocho cuadras de casa es algo impensado para un cordobés.

Fue muy difícil conseguir trabajo cuando llegué, casualmente en la época de la crisis global y de la asunción de Obama, a quien mucha gente votó porque es negro, y muchos no, por la misma razón. Por lo que resta, no le preguntes a un norteamericano sobre ideas políticas…

Empecé a trabajar en una agencia de viajes y en un hotel donde me crucé con gente de todo el mundo. Estados Unidos fue un país muy curioso en aspectos que no me imaginaba, sobre todo en cuanto a la calidad de vida y la sociedad. Y eso lo pude percibir gracias a que formé parte de esa sociedad por ese lapso de tiempo”.

La vida norteamericana

“Me sorprendió el esfuerzo que tienen que hacer los jóvenes que terminan la escuela y empiezan a hacer su camino en la vida, cuando no tienen el privilegio de tener padres que hayan ahorrado toda la vida para pagarles la universidad. Mis compañeros de trabajo usaban todo su sueldo para pagar el college (institutos educativos de nivel terciario, o inferior al de la universidad) y los gastos de transporte. Los sueldos básicos para empleados no son suficientes para cubrir el costo de vida, a menos que cuenten con un título de cierto grado o hayan alcanzado un puesto de autoridad. Yo compartía los gastos de la casa con otras 5 personas, pero honestamente no sé cómo hubiera sobrevivido sola. Conozco gente que ganaba más, pero tenían que trabajar más días y en horarios rotativos, lo cual hace muy difícil programar otra actividad, como un estudio o alguna salida cultural.

Mis compañeros de trabajo me hacían reír mucho. En más de una ocasión me vi en la tarea de explicarles por qué en Argentina es verano cuando allá es invierno y viceversa, o informarles que Canadá es el nombre del país que limita con el de ellos al norte, y que Nuevo México no es otra nación… Después de un tiempo, lo gracioso comenzó a ser algo triste”.

El trabajo

“Otra cosa que me llamó la atención de Miami es la escasa regulación que hay en materia de industria turística, en el marco de las empresas y agentes de turismo. Hay muchas personas que venden tours en la calle, sin ningún tipo de permiso o formación, y son los que más venden en South Beach. No pagan impuestos y la única garantía real que tiene el cliente es un recibo no oficial y la posibilidad de encontrar al vendedor en el mismo lugar al otro día. La agencia en la que trabajaba tenía muchos años y estaba inscripta en la Cámara de Comercio, pero no por eso dejaba de ser esclava de los vaivenes del sistema capitalista.

En la agencia de viajes, fui empleada por una señora colombiana muy buena, que me ayudó muchísimo durante mi estadía e incluso me trató como a una hija. Gracias a ella conocí otros lugares de Florida y la Riviera Maya, en México. Y me contó cómo unos años atrás, a raíz de una pequeña crisis económica, su empresa perdió 400 mil dólares, y por supuesto nadie se los devolvió”.

El sistema sanitario

“He visto gente trabajar ‘todos’ los días hasta doce horas para mantener a su familia. Incluso tenía una amiga que debía pagarle a su dentista 800 dólares por salvarle un par de dientes que estaban infectados. De hecho, ese era otro tema preocupante para mí durante mi estadía en EEUU: la salud. Me fui con el mejor seguro para trabajadores extranjeros que se puede contratar, pero desde Argentina me advirtieron que ni se me ocurriera ir al médico por un simple dolor ya que presentando el carnet todavía debía pagar 50 dólares simplemente por la consulta. Eso me llevó a observar el comportamiento de la gente ante problemas de salud: existen las Pharmacys, grades tiendas en las que se venden medicamentos, productos de perfumería y alimentos en góndolas de las cuales las personas se auto-sirven. He visto gente comprar cosas para las cuales en Argentina se necesita receta, y otras de venta libre en cantidades cuyos recipientes no me imaginaba que pudieran existir. Por suerte no me enfermé nunca…”.

Fast food

“La comida, como todos saben, es bastante calórica y los lugares más baratos son los locales de comida rápida, donde acude la mayoría de la gente por el ritmo de vida: casi nadie tiene tiempo para cocinar. En las góndolas de los ‘markets’ se ve gran variedad de productos extranjeros y alimentos que se nota que han viajado desde lugares remotos en un cubo de hielo antes de llegar a nuestros estómagos…”.

Un sistema contradictorio

“A pesar de todo, disfruté al máximo de mi temporada en Miami. Justamente porque para mí ‘la búsqueda’ en los viajes no consiste en determinar todo de antemano. La cosa pasa por involucrarnos en otra parte del (mismo) mundo en el que vivimos, y disfrutar de lo que hace que cada lugar sea lo que es. Miami es una ciudad bastante ciudada, muy linda, generalmente los espacios públicos están limpios, la gente respeta a las autoridades, hay bastante control policial en la zona turística (incluso vestidos de civiles), el clima es propicio, y es un lugar ideal para comprar y admirar objetos materiales.

Pero honestamente, al cabo del tercer mes esto no era suficiente para mí. Imaginarme viviendo en un lugar en el que la gente acepta trabajar arduamente para pagar precios altísimos por servicios como la salud o la educación (que son en realidad derechos humanos), generó en mí una sensación de desprotección y miedo. Se acepta que una operación para solucionar un problema de salud pueda costar 30 mil dólares cuando una camioneta usada cuesta alrededor de 3 mil. Se trata de vivir observando y admirando cosas que no se necesitan. La gente es muy feliz, mientras tiene dinero”.

En el camino se aprende

“Por lo pronto, he concluido que pese a las deficiencias en nuestro país de las cuales nos quejamos la mayoría de los argentinos, tenemos UN GRAN PAÍS, y más motivada me siento a regresar con cada viaje para trabajar por él y contribuir a mejorar algún día la situación”.

Si Faulkner viviera…

“El último mes en EEUU fui a visitar a alguien que conocí, que vivía en un pueblo cerca de Atlanta, en el estado de Georgia. Le pedí que me acompañara a una tienda de libros para llevarme algo de literatura norteamericana en idioma original. Él es un estudiante universitario de Administración de Empresas que trabaja en una fábrica de implementos para armas de fuego. Mientras yo buscaba en las góndolas, me observaba con cierto escepticismo, y en un momento se dirigió a mí: ‘Coincido con lo que siempre dice mi padre… no veo cuál es la gracia de leer cosas que nunca pasaron en realidad’”.

Publicado en 30N EDICIÓN GRÁFICA el 19/05/2010

3 Respuestas a “Apuntes de viaje

  1. Que linda historia Laura! te cuento que siempre tuve las mismas ancias por conocer el mundo como vos, conocer sus paisajes, su gente y sus costumbres, vivir,aprender de ellos y enseñar lo nuestro. Me encantaria tener tu determinacion y armar el bolso jajajja pero bueno primero lo perimero tengo que terminar mi carrera, una vez q este recibida conta conmigo para viajar a donde queiras! saludos!

    • Hola Vanessa!
      Me alegro que te hayas decidido. Es cuestion de decision, jaja, cuando estes viajando te puedo asegurar que no te vas a arrepentir. Ahora estoy en Nueva Zelanda, nos vemos en el camino. Te dejo mi blog por si queres seguirme: lalauraontheroad.wordpress.com

      abrazo!

  2. Hola Laura, Muy linda historia! te felicito! Te queria contar que yo estoy viviendo en Erie PA, y estoy por viajar a NY a trabajar y me idea es mejorar mi ingles, conoces algun lugar bueno y no tan caro donde pueda estudiar en NY?
    Gracias!!! espero me repsondas!! Besos. Anabella

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