Un rosarino en Miami

En Miami, Germán sigue siendo un ‘hombre de negocios’ como lo era en Rosario. Con algunas diferencias: vive tranquilo, se siente seguro y puede hacer planes para mañana.

“Siempre tuve la idea de venir a Estados Unidos para hacer negocios, y como veníamos de vacaciones todos los años, principalmente a Miami, me empezó a gustar mucho la ciudad: veía que muchas cosas funcionaban, que todo estaba más limpio y ordenado, el césped cortado y de color verde, la sensación de seguridad… Así que con mi novia Erica Bettin –que ahora es mi esposa– fuimos desarrollando el proyecto de venirnos. Con nuestro ‘amigo’ De la Rúa en el gobierno y viendo que las cosas allá no iban para ningún lado, la idea de partir se iba haciendo cada vez más tentadora”, cuenta Germán De Giuli (39 años), radicado en Miami desde mayo de 2002.

El detonante

“Si bien nosotros vivíamos bien en Rosario, con nuestro círculo de amigos, nuestros familiares y todo lo lindo que tiene la ciudad, al ser un pequeño empresario padecía de todas las trabas que el país pone para que uno pueda crecer dignamente y haciendo las cosas correctas. Yo siempre digo que lo que más me cansó es toda la procesión que implicaba mi trabajo: tenía que luchar primero para conseguir los clientes, después para conseguir la materia prima para fabricar el producto, rogar que no se cortara la luz (o que no se engancharan muchos vecinos para tener su aire a full o su calefactor eléctrico al rojo vivo) para que las máquinas pudieran funcionar, estar encima de los empleados para que la pieza saliera de primera calidad, hacer todo lo posible para que la mercadería llegara al cliente a tiempo y sin ninguna pérdida inexplicable por parte del transporte, esperar unas cuantas semanas para que el cliente te mande los cheques (en el mejor de los casos) o tener que viajar adonde fuera para pedírselos cortésmente, guardarlos bien seguros esperando que llegue la fecha de cobro y luego de depositarlos… rezar a San Cayetano para que tuvieran fondo y al fin, después de que ‘tu socio’ el gobierno sacara su porcentaje por dejarte hacer negocios (impuesto al cheque)… el dinero estaría en la cuenta. ¡Aleluya!, y cuando uno pensaba que después de tanto agotamiento al fin se verían los frutos, no… llegaba el corralito. ¡Así que armamos las valijas y acá estamos!”.

Cada cosa en su lugar

“Naturalmente, cuando alguien llega a un lugar nuevo, y más en mi caso que era donde veníamos de vacaciones, todo es lindo y deslumbrante. Pero creo que lo que más gustó fue la sensación de seguridad que viví desde el primer día: me relajé.

Cuando vivía en Argentina, estaba constantemente en alerta y a la defensiva si alguien se me acercaba cuando bajaba de la camioneta. Me pasó un día aquí que me levanté y, cuando fui a retirar el diario que el repartidor deja enganchado en el picaporte exterior, me di cuenta que había dejado la puerta abierta y las llaves puestas pero del lado de afuera… ¡y nadie las había tocado! No les voy a decir que acá no hay robos ni pasa nada malo, pero sí que uno no está pensando todo el día en eso y luego, que uno ve mucha presencia policial, con lo cual se siente más tranquilo. Aparte, se hacen cumplir las leyes… Al mes de estar viviendo acá me hicieron una multa –y de más está decir que aprendí– porque no me detuve ante una señal de stop, y no es que no frené porque no venía nadie sino que… ¡no me detuve los 3 segundos obligatorios para luego seguir! Caso contrario a lo que ocurre en mi querida ciudad, que si uno frena cuando hay que hacerlo, lo chocan los de atrás o en el más leve de los casos te ganás una sinfonía de bocinas que te mueven el auto… Aquí uno cumple las leyes y piensa que todo el mundo, o al menos la mayoría, las va a cumplir también. Creo que esto ayuda a sentir más esa sensación de seguridad y respeto por el otro.

Otra cosa que ‘se extraña’ es la locura al manejar: pareciera que uno se quedó sordo porque no escucha más las bocinas alrededor ni pasan las motitos del delivery por arriba de tu auto en contramano. Tampoco hay que hacer navegación por instrumentos como cuando me sumergía en la nube negra de un colectivo rosarino, con esa combustión que nadie se preocupa en controlar… ¡y resulta que después no te podés poner desodorante porque se agranda el agujero de la capa de ozono!”.

La vida social

“La adaptación no fue tan difícil, pero tampoco fácil. No fue difícil porque Miami es una ciudad muy latina, con una mezcla de culturas muy grande pero predominantemente latinas (además se me vio facilitada porque mi esposa da clases de inglés a mucha gente latina). Y no fue fácil porque uno igual extraña a su familia y amigos, sus lugares… Uno en su tierra sabe dónde buscar las cosas que necesita o a quién preguntar. Apenas llegué, me acuerdo que mi papá me pidió una herramienta para la fábrica y me volví loco buscándola hasta que la encontré. Y pensaba: ‘si estuviera en Rosario, hubiera ido a cualquier ferretería industrial y la conseguía, o en el peor de los casos llamaba a algún colega de trabajo y le preguntaba dónde comprarla’. ¡Pero acá no tenía a quién llamar!

También me uní a un grupo de argentinos que estaban en negocios y hacían desayunos de trabajo todos los miércoles, el Breakfast Club Miami. Era un buen punto de encuentro y se promovían los negocios entre la comunidad, pero lamentablemente después se disolvió porque muchos regresaron a Argentina.

Igualmente, siempre traté de mezclarme con gente de todas las nacionalidades y eso es lo lindo de Miami, que te permite aprender de otras culturas e interrelacionarte con gente de todo el mundo”.

Tan lejos, tan cerca

“No te puedo decir que me genera nostalgia estar lejos de mi país, porque gracias a la tecnología, hoy en día uno está muy cerca: yo hablo constantemente con Argentina o tenemos videoconferencias o en cualquier caso, estamos a 8 horas de avión. Estar  lejos no se siente como tal. Eso sí, se extraña la familia y los amigos, porque son lazos que uno tiene de toda la vida y con quienes has pasado muchos lindos momentos. Pero la tecnología hace mucho para que uno no se sienta tan lejos. Por ejemplo, puedo llamar a Rosario y hablar 25 horas por 25 dólares, ¡y desde el celular! También internet es una herramienta muy buena. El otro día tuve una gran alegría: mi hermana puso a mi abuela de 91 años frente a la laptop y estuvimos hablando y viéndonos, como si estuviéramos cara a cara…”.

El último orejón del tarro

“Entre otras cosas, no entiendo por qué el gobierno argentino no apoya la exportación… Cuando estuvimos en una feria de alimentación en New York exponiendo nuestros productos, resultaba increíble que en el mini pabellón argentino no hubiera un solo productor de vinos. La gente venía a preguntar por vinos argentinos y nos daba vergüenza decirles que no teníamos a  nadie, cuando Chile tenía un súper pabellón que todo el mundo visitaba. No entiendo por qué no copiamos estas acciones, si al final sería beneficioso para todos, ya que si la industria argentina se hace competitiva y se muestra a nivel mundial es para bienestar de toda la cadena desde productores de materias prima, pasando por mano de obra hasta llegar a impuestos recaudados por el gobiernos por todos los procesos productivos, más exportación.

Aparte como relataba antes, es toda una lucha poder producir algo en nuestro país. Me gustaría que el gobierno haga las cosas más fáciles para que el empresario quiera invertir, generar negocios en Argentina y exportar al mundo. Y digo esto con conocimiento de causa porque estamos trabajando en conjunto con Congelados del Sur de Argentina en la Importación al mercado local de comidas congeladas”.

Los negocios

“En este momento estamos introduciendo al mercado de Estados Unidos una línea de comidas congeladas producidas en Argentina, específicamente en Rosario, que se llama Mondo Frizzatta. Es una línea de pizzas y sándwiches rellenos que vienen congelados y son muy prácticos para el ritmo de vida actual. Estamos en una primera fase de abrir mercados en Florida y ya estamos haciendo negociaciones para tener los productos en el área metropolitana de New York, donde esperamos cerrar trato con un distribuidor ahora en abril. Y vamos a estar degustando los productos en la Fancy Food Show de junio en New York.

Por ahora, de paseo

“La idea de regresar al país siempre da vueltas por nuestras cabezas, tanto a Erica como a mí, pero por el momento estamos concentrados en realizar los planes que tenemos acá y una vez por año vamos de paseo a Argentina para ver a la familia y a los amigos”.

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Podés contactar a Germán: aquí

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Publicado en 30N EDICIÓN GRÁFICA el 14/04/2010

6 Respuestas a “Un rosarino en Miami

  1. hola que tal vivo en argentina, capital muy bueno tu comentario que lindo, bueno te comento que me interesaria ir a trabajar a estados unidos, se que es dificil pero con un trabajo puedo ir necesito si vosy me podias guiar, gracias…..

    • Ha. estoy igual diego, vivi en Alemania (el que mas extraño) y España, y hace 6 años volvi, al igual que vos ME QUIERO CORTAR LAS BOL…
      Me cague de risa, estamos igual. Saludos, Denis

  2. COMO ESTAS PRONTO ME CAMBIARE DE ESTADO YA QUE VIVO EN CA,TENGO NEGOCIOS Y CREO QUE MIAMI SEA MEJOR PARA MI NEGOCIO ESCRIBIME ASI NOS PONEMOS EN CONTACTO

  3. hola German: muy bueno el resumen de tus experiencias. Te pedirìa algun comentario referido a si estàs en contacto con gente del mundo de la decoraciòn o galerìas de arte, ya que planeo difundir mis trabajos allì, resido en Malaga, España. Un fuerte abrazo. Daniel

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