Argento y germano

Roberto vive en Stuttgart, Alemania. Lleva más de la mitad de su vida en ese país cuya cultura y lengua heredó de sus padres.

“Desde el Kindergarten hasta mi formación profesional, la realicé en Argentina en los dos idiomas. Quizás eso me predestinó para venir a vivir aquí. Pero no estaba ni en mis planes ni en mis proyectos”, relata  Roberto Frankenthal (46 años), radicado en Alemania desde 1986.

“Mi venida a Alemania no fue una emigración en el clásico sentido de la palabra. Soy, por decirlo así, el resultado de las circunstancias históricas del siglo XX. Mis padres nacieron en Alemania en las décadas del 20 y del 30, y tuvieron que abandonar este país tras la toma de poder de los nazis. Ellos eran muy chicos y se conocieron en la Argentina, donde se casaron a finales de los ‘50. Yo nací en el 63 allí, pero fui educado y crecí en un ambiente muy influenciado por la cultura alemana. Cuando vine a Alemania, tenía cierto distanciamiento interior con respecto a la Argentina. Por un lado soy de la Generación Malvinas y viví la guerra haciendo la colimba, si bien me salvé de participar. Viví con mucha euforia el renacer democrático del alfonsinismo. A fines del 85 estaba trabajando para una empresa alemana en Baires y denuncié un caso de corrupción adentro de la empresa, lo que me valió el despido a la primera de cambio. La conjunción de estas circunstancias me llevó a ‘caer’ en Alemania a principios del 86, sin grandes planes ni expectativas, con 22 jóvenes años y la guita justa en el bolsillo para, eventualmente, volver”.

Recién llegado

“Llegué en pleno invierno, estaba todo nevado y sólo de vez en cuando salía el sol. Los días eran súper cortos (a las 17 estaba todo oscuro), pero no recuerdo que eso me deprimiese. Lo que veía no me era totalmente ajeno o desconocido. Sí me sorprendió el orden en las calles, la limpieza.

Sin duda que fue un cambio pero debido a mis antecedentes culturales no fue brusco, es más, empecé a comprender una cantidad de mensajes implícitos de mis viejos, que como adolescente no entendía o rechazaba. Hice amistades relativamente rápido y me sorprendió la cantidad de extranjeros que vivían aquí. Una noche me acuerdo de haber escrito una carta a mi familia comentándole que acababa de cenar con un boliviano, un iraní, un chino de Singapur, unos iraquíes, etc. No tuve en principio la necesidad de buscar otros argentinos. Conocí a uno de casualidad en un restaurante italiano y fue durante mucho tiempo la única amistad ‘argenta’ que tuve”.

La doble identidad

“No sé si la palabra es ‘nostalgia’. Creo que tiene más que ver con el tema de la identidad. Sé que una parte de mi identidad es profundamente argentina y que yo lo voy a ser hasta el día que me muera. Por el otro lado soy consciente de que al llevar más de la mitad de mi vida afuera de la Argentina, ya he adquirido usos y costumbres que son bien diferentes a las de allí. Nunca perdí el contacto con Argentina. Al principio volvía cada 2 años, ahora voy por lo menos una vez al año. Mi trabajo actual está directamente vinculado a eso, tengo una agencia de viajes especializada en Argentina”.

La tranquilidad

“Hace unos 6 años que vivo en Stuttgart. A diferencia de Buenos Aires, tiene muchas colinas, subidas y bajadas y vivo a pocas cuadras del Neckar, uno de los ríos más grandes del país. Es evidentemente una ciudad mucho más tranquila que Baires, y ya me ha pasado que estando en el centro de la capital en alguna de mis visitas, después de un par de horas me tengo que ‘refugiar’ en un bar, porque el ruido y el trajín del centro porteño me agotan. Calculo que eso sería lo que extrañaría de aquí si tuviera que irme: la tranquilidad.

Pero a más tardar, el día que disfrute de mi jubilación -o espero que antes- regresaré a la Argentina para quedarme”.

La batalla darwinista

“Soy, fui y seré una persona muy crítica con la Argentina. Creo que en los últimos años se han deteriorado una serie de valores o lazos sociales en Argentina, que han convertido a la sociedad en un verdadero campo de batalla darwinista donde sólo sobreviven los más fuertes. Creo que la gran diferencia que existe entre esta sociedad en la que vivo y la Argentina es que aquí se puede vivir dignamente sin tener que pasar a tu semejante por encima. Percibo que en Argentina la dignidad individual ha sido dejada de lado y que, quizás justificadamente para poder sobrevivir, muchos están dispuestos a pagar los ‘precios’ que sean para asegurar su porvenir y/o bienestar.
Una sociedad nunca es perfecta y la alemana carece de un montón de cosas, pero quizás por las experiencias históricas vividas, aquí saben que el ser humano todavía no ha construido el paraíso sobre la tierra, pero sí es muy capaz de crear el infierno sobre ella. Muchas veces creo que los argentinos no se dan cuenta que de seguir de la misma manera van a terminar creando un infierno para las mayorías y un paraíso para muy pocos”.

La comunicación, según pasan los años

“La diferencia es abismal. Las cartas tardaban 15 días, los llamados telefónicos eran sólo para las fechas especiales y trataba de no pasarme de un par de minutos porque sino la factura era matadora. La aparición del Internet y el e-mail me han permitido seguir mucho más de cerca lo que pasa en Argentina, el acceso a todos los medios de comunicación -y el tener el tiempo para usarlos- que antes era imposible de pensar. En el 86 lo máximo era que te llegara –retrasado- el suplemento internacional de algún diario argentino, que además costaba relativamente caro. Hoy puedo pasar horas al teléfono o en la compu, en contacto con amigos y familiares”.

Publicado en 30N el 10 de marzo de 2010, Edición Impresa

8 Respuestas a “Argento y germano

  1. Me encantó el artículo, me pareció una historia bien contada, gráfica que explica cómo se hace la inserción en otra cultura. Bien escrito. Un gusto leerlo

  2. Soy argentino y en septiembre del 2011 viajo a Stuttgart a festejar mis 50 años en Stuttgart con mis 2 hijos nunca fui a Europa y estoy abierto a sugerencias

  3. Roberto,me llamo ines te escribo desde Argentina vi tu historia y es muy clara e interesante,tengo 65 años mi hijo de 35 años tiene una propuesta de trabajo en Alemania,en Arnsberg,ni idea tengo del lugar,yo estuve el 17 de mayo de este año 2013,estuve con mi hijo nos quedamos 5 días,me encanto el orden y el respeto cosa que acá escasea,imaginate que estoy triste y contenta y alegre ante la posibilidad de que se vaya a trabajar allí,él tiene la ciudadanía española lo que le permite residir sin problema lo que quisiera saber cuanto tiempo podria quedarme yo de viajar a visitarlo,cuantos son los meses en el año que me podría quedar.saludos y gracias. mi mail es el siguiente. inesanselmo47@hotmail.com

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