Más de acá que de ningún lado

Daniela lleva seis años viviendo en Madrid, tiempo suficiente para amar su “cultura al alcance de la mano” y lo que ella misma aprendió a ser allí.

En el 2003, Daniela Rogoza (34 años) dejó Córdoba bajo unas circunstancias más bien progresivas: “Nunca pensé en dejar Argentina, la verdad. Pero claro, como tantas otras mujeres y cayendo en el estereotipo… me enamoré. De todas formas, vine a España a ver a mi chico por dos meses y al final me hicieron una oferta de trabajo, la propuesta de hacerme los papeles y en ese momento todo parecía señalar que debía venir. Incluso cuando volví a Argentina -todavía no muy decidida- a resolver mis temas de trabajo y hablarlo con mi familia, la que más me sorprendió fue mi mamá que, contra todo pronóstico, fue la que más me apoyó. Me acuerdo que me dijo: ‘Daniela, tenés 27 años y un gato. El gato te lo cuido yo, pero es hora de que vivas tu vida’. Y me vine. Luego, las cosas en pareja no salieron bien, tres años después estaba separa y hecha mierda, pero no me arrepiento ni por un segundo. Lo que aprendés al salir de tu lugar de siempre es muchísimo, supongo que la misma actitud de ‘viaje’ es lo que te ayuda. Y además, yo soy jujeña, pero a los 11 años, a raíz de la muerte de mi viejo, nos fuimos a Córdoba para que mis hermanas mayores pudieran ir a la universidad, y nunca sentí que realmente tuviera raíces. Después de 6 años en Madrid, me siento más de acá que de ningún lado”.

Realidades y mitos

“Me acuerdo de dos cosas que me llamaron la atención desde el principio: la ropa, los abrigos eran de mejor calidad -llegué en invierno- y las mujeres no eran todas ‘flacas palo’. Son cosas un poco frívolas pero supongo que era lo que estaba más a la vista. Por supuesto, si bien Córdoba es bastante más seguro que Buenos Aires, Madrid parecía el paraíso en ese sentido… no tener miedo nunca de que se te hiciera tarde para volver a casa era algo genial. Me llamó la atención además que acá también había pobres… no sé, decime grandota y boluda, pero Europa siempre fue como el universo paralelo en el que no pasaban las mismas cosas que allá. Creo que desmitifiqué muy rápido. Eso también me hizo aceptar la ciudad y la vida como eran e integrarme más rápido. Otro gran contraste fue el idioma: dos naciones separadas por la misma lengua, como le gustaba decir a un compañero español de trabajo”.

Momentos cruciales

“Fue un cambio loco. Pero yo estaba enamorada y lo único que me importaba era estar con mi chico. Todo lo que venía aparejado me parecía genial, refrescante, enriquecedor. Incluso después, cuando las cosas se pusieron un poco negras, todavía podía ver lo bueno de todo. Creo que la parte más ardua de la adaptación fue cuando ocurrió el atentado en Atocha. Nosotros vivíamos a doscientos metros de la primera bomba. Se nos movió la cama de la explosión, no sabíamos qué pasaba, no teníamos forma de contactar con nadie y en Argentina, el hecho de que vivíamos cerca de Atocha era toda la referencia. De repente eras parte de todo ese horror, te podía pasar mañana y te preguntabas si no sería mejor estar en casa, en Argentina, con la familia. También fue la época en la que me di cuenta de que ‘casa’ era yo. Donde yo estaba y elegía estar.

Hice lazos al principio con otros argentinos y no porque lo buscara. Pero es cierto que los argentinos tenemos una cosa como muy protectora con los compatriotas. Mi primera amiga acá -que todavía hoy es una gran amiga- fue una chica de Benito Juárez llamada Carla, a la que conocí en el avión cuando volvía a Argentina con una propuesta y a tomar la decisión de venirme o no a España. Íbamos sentadas una al lado de la otra y como las dos le tenemos miedo a los aviones nos pusimos a charlar y ella me dijo que me viniera, que no me iba a arrepentir. Nos dimos los emails y para cuando llegué a Córdoba ya me había escrito y cuando volví a España, me llamaba por teléfono todos los fines de semana para ver si estaba bien, si necesitaba algo. Yo al principio no le daba mucha bola, estaba superada por todo lo nuevo y haciéndome a mi nueva condición de ‘casada’, pero ella era tan amable y tan divina que empezamos a quedar, conocí a sus amigos y bueno, hicimos una amistad que es de esas que creo que van a durar toda la vida. Fue mi gran apoyo cuando la necesité y le estoy muy agradecida. Carla es una grande.

Por otro lado, muchas cosas resultaban difíciles, incluso para alguien como yo, tan dispuesta a ‘hacer lo que viere allí donde fuere’ como dice la frase popular. Me acuerdo, en uno de los peores momentos, recién separada, sin nada, muerta de miedo, pensando en dejarlo todo y volver, otra amiga, argentina también, me dijo que era una pena, habiendo hecho todo el esfuerzo hasta acá, que no aguantara al menos seis meses más y viera por mi cuenta si me quería quedar. Me acuerdo que me dijo lo que yo considero la ‘gran verdad’ de la inmigración: ‘El primer año te querés matar, el segundo año te querés matar, el tercer año te querés matar pero al menos ya sabés dónde queda el chino y cómo se piden las cosas en el supermercado… y el cuarto año empezás a disfrutar’. Y resultó ser cierto”.

Multiculturalismos

“Vivo en Madrid y creo que la gran particularidad que tiene es que nadie es de acá. Según marca la tradición, para ser ‘gato’, es decir ‘madrileño de verdad’, hay que ser de tercera generación… De esos, en seis años que llevo, sólo he conocido dos… Aquí todo el mundo se siente inmigrante, lo que hace que de algún modo, todos tengamos algo en común. Madrid tiene eso de internacional, de accesible, de cultura al alcance de la mano, de actividad constante que a mí me encanta, incluso aunque me pase días en casa.

Una de las cosas que más me gusta -para qué engañarme- es la tortilla de patatas española… La comida en general es alucinante, pero no la extrañaría. Después de todo en Argentina tenemos una gastronomía increíble.

Para ser sincera, creo que lo que más extrañaría sería a mí misma… estos últimos seis años. Quizás por la edad, quizás por las vivencias, son años que me han cambiado enormemente y a veces temo que volver sería volver a un estado anterior de mí misma… no sé”.

Publicado en 30Noticias el 09/12/09, Edición Impresa

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