Contame un tango más

Graciela vive en Montreal desde 2001, donde trasladó además sus expectativas y pasiones. A la hora del balance prioriza dos verbos: aprender y disfrutar.


Un recorrido por su blog se parece mucho a un paseo por San Telmo: reliquias tangueras, letras, músicas, afiches de espectáculos, imágenes, datos históricos, curiosidades… A simple vista, un pequeño tributo a su Buenos Aires querido. “Un rincón para compartir mi pasión por el tango”, escribe ella en www.malena-tango.com. Y es que la distancia no es cuánto nos separamos sino cuánto nos olvidamos.

Graciela Piccardi es porteña y se define como “fanática del tango” y “nostálgica”. Pero aclara: “nostálgica no de una manera depresiva o triste. Siento una melancolía romántica de estar lejos de mi tierra, de mi ciudad, y lo canalizo en forma positiva expresándome en mi blog. Encontré una manera de comunicarme, de compartir lo que para mí es el tango y Buenos Aires, y sobre todo, una forma de aprender muchísimo sobre ambos. Trato de ir a Argentina una vez por año. Hace muy bien volver, pasar tiempo con la familia, ver a los amigos, comer las cosas que nos gustan. Lo que más me sorprende es cómo uno comienza a valorar muchas cosas que antes daba por sentado”.

Haciendo memoria

“La idea de dejar Buenos Aires comenzó en el año 2000. Un día me pregunté de qué iba a trabajar hasta que tuviera 65 años en la Argentina. No tuve respuesta. Ese día decidí buscar nuevos horizontes y recomenzar mi vida. Obviamente había también una necesidad interna de cambio y ya sentía una sensación de vacío social. Hice búsquedas en Internet, visité cuatro embajadas y finalmente decidí que el destino sería Canadá. Desde ese día, como ocurre cuando hay eventos que parecen estar escritos en nuestras vidas, todo lo que encontraba en mi camino estaba relacionado con Canadá. Supe entonces que contaba con una buena estrella, y  así fue. Cuando tomé la decisión de partir, sola, con dos valijas, supe que ya no compartiría momentos, festejos, eventos con mi familia y que debía estar preparada para eso. Mi objetivo era reciclarme, aprender, insertarme en mi futuro nuevo hogar”.

Sensaciones

“Llegué a Montreal en pleno invierno, hacía 30 grados bajo cero de sensación térmica. Lo primero que hice fue salir a comprar botas para caminar en la nieve. El segundo impacto fue el colorido. Montreal es una ciudad muy cosmopolita; al principio me la pasaba mirando la gente: africanos, árabes, chinos, latinos, etc. La tercera impresión fue de pequeñez. Montreal es una ciudad, una isla, mucho más chica que Buenos Aires. Bromeaba diciendo que todavía estaba buscando el centro y los ‘malls’. Me imaginaba encontrar grandes shoppings como en Miami o New York, o grandes supermercados como en Argentina, pero no fue así. Igualmente, es una ciudad muy pintoresca”.

Un gran cambio

“Todo cambió en mi vida de la noche a la mañana. Pero no me resultó difícil la adaptación, yo venía preparada mentalmente para hacerlo. Hice amistades, las primeras en los cursos de francés para los inmigrantes, luego en la universidad en donde continué estudiando francés escrito, y luego en el trabajo y en las clases de tango.

Nunca salí a buscar argentinos ni latinos. Me forzaba a buscar gente de acá para estar obligada a aprender la cultura y la lengua. En Montreal, como mínimo, hay que hablar dos idiomas: francés e inglés. Inevitablemente, cuando empecé a ir a las milongas, encontré argentinos, chilenos y uruguayos”.

Aprendizajes

“Mi primer objetivo al llegar fue estudiar francés, lo tomé muy seriamente, cosa que hoy agradezco. Sin haber hecho ese esfuerzo inicial, actualmente no estaría trabajando en la empresa donde trabajo. Me ayudó mucho tener sólidos conocimientos en informática… Mi trabajo anterior fue para una conocida empresa de electricidad del gobierno: cuando postulé para el puesto tuve que pasar muchos tests durante toda una mañana, incluido uno de francés y varios de velocidad mental… Cuando me tomaron, me dijeron que dudaban de que en mucho tiempo fueran a ver resultados como esos, lo cual me levantó mucho el ánimo. Inglés ya sabía al llegar, pero nada de francés.

Hay que aprender, trabajar mucho, ser puntual. Hay mucha competencia, hay gente que habla cuatro idiomas, los jóvenes tienen como mínimo una maestría –no todos, por supuesto-. La principal barrera es la lengua, uno no debe conformarse con ‘hacerse entender’, hay que aprender a hablar y a escribir como se debe, y el mejor momento es hacerlo antes de venir o apenas se llega.

En Montreal aprendí también a bailar el tango, digamos que sigo aprendiendo. El tango me ha dado muchas satisfacciones. En Buenos Aires vivía trabajando y, a pesar del amor que le tenía, jamás lo había bailado. Acá aprendí a poner límites a las horas dedicadas al trabajo y a invertir más mi tiempo en disfrutar de la vida”.

Como turista

“Siento mucho afecto por mi país, pero a la vez no puedo cerrar los ojos a las miserias que se viven, a la falta de seriedad de los políticos, a la falta de justicia, a la falta de respeto al ciudadano, a la corrupción. Hay muchísimas cosas para cambiar, pero habría que reeducar varias generaciones de argentinos para lograrlo.

Me siento turista en mi país, voy a tomar clases de tango, a bailarlo, a buscar material para mi blog, a comprar libros, música y videos, todo relacionado al tango o a la historia de Buenos Aires. Pero no está en mis planes volver para quedarme. No mientras tenga que trabajar para vivir”.

Las cosas que encontré

“El orden, la ley, la justicia, la estabilidad, el respeto, son algunas de las cosas que encontré. Subir al colectivo y que el o la chofer te sonría y te diga Bonjour!, y que cuando bajes te diga ‘Pase un buen día!’. No es el paraíso tampoco. Hay cosas que acá no se consiguen, yo vivo comparando y extrañando el servicio en los cafés de Buenos Aires: la jarrita de agua, el chocolatito, el juguito, la tacita, el mozo con la bandeja; todo eso acá no existe. Me pasa seguido, cuando pido una botella de agua para el almuerzo, tener que pedir que me den un vaso: hay muchos que toman de la botella en pleno restaurante. Hace poco me hice la promesa de que jamás van a doblegarme: siempre voy a reclamar cubiertos, vaso y servilleta para comer civilizadamente…”.

Publicado en 30NOTICIAS el 07/10/09, EDICIÓN IMPRESA, nota 4

Una respuesta a “Contame un tango más

  1. hola graciela ! me gustaria vivir e canada,pero no logro encontrar contactos que me asesoren! espero tu respuesta ,para por lo menos saber si leiste mi comentario! jaja

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